Hasta hace unos minutos, mientras mis ojos barrían la superficie amarillenta de ese libro abre-conciencias,no había en mi mente frase alguna salvo "lejos, de esa maquina maldita...".
Se me vacía la cabeza, todo se vuelve cíclico y este papel viejo y surcado por letras de carácter furibundo en las páginas anteriores es la respuesta. O lo será... da igual.
No es posible imaginar el tremendo golpe a mis ideales que supone la siguiente frase, concebida no se en qué endemoniado minuto en mi cabeza: deseo fervientemente la incertidumbre del día de mañana.
Quiero beber ese cáliz que repudiaba, al que me negué por incomprensión, por necesidad, por egoísmo, o por lo que fuera. Quiero que escurra por las comisuras de mis labios, que llegue a la garganta, que suelte vapor al contacto con mi sudor y me haga arder los ojos.
Ahora comprendo el peso de las cadenas, de la relación humana que lejos de llevarte a algún sitio, te vacía, te sustrae la esencia como traer encajados decenas de tubos capilares entre los pliegues cerebrales.
Cuando hay alguien más, es posible no llegar al teatro si ninguno de los dos ha caído en la demencia del recelo. Mientras todo se conserve puro y en la linea, no habrá enfermedad.
Me he vaciado la cabeza.
Tengo hambre y ganas de escapar.
Deseo ser nada, deseo no ser algo para alguien.
Deseo que la necesidad de mi radique en mi intermitencia, que nadie me conozca más que los ojos.
Así no solo evitamos, sino que desaparecemos, anulamos la existencia de cualquier posibilidad de Traición.
En el desligue, en la ausencia de vínculos está la clave de la indestructibilidad, la eternidad.
Estoy enferma, programada, autoprogramada para vivir conforme a la ley. Una ley que yo misma redacté sobre mi esencia.
Mis días están agendados, calendarizados, feriados.
Y quisiera gritar con el estómago los rezos que preparé para cada ceremonia, hasta que me sangren los ojos. Lanzar el último discurso al ciego, por que él es quien para comprender.
Desangrar, desmenuzar, desligar...me del tiempo, descolgarme.
Y al final da lo mismo, yo tenía razón, (jooo, ¡que frase!), fueron las letras, tal vez ese cruel de Orwell...
Desposeída, desterrada, sin patria y sin leyes.
¿Dueña de mi?
Tal vez.
Con el cabello teñido de azul y drogándome con goma de mascar (pa'que suene elegante), rumiando los crímenes de los que se me acusa y sentencia in-jus-ti-fi-ca-da-men-te. (Jejeje, se oye re bonito), y aún soñando con el día en que se me haga justicia (amén)... je, no.
Nada de eso, solo resta el desapego, el verdadero viaje de la mano de nadie al interior, el viaje con los ojos vendados, al lugar del hielo, del cristal frío, de la obsidiana.
Y elijo entrar sola.
No habrá heridos, muertos, víctimas ni mártires.
Ni una sola lápida, ni sepulcro ni mausoleo.
No habrá registro pétreo.
Y todo por que aquí en el exterior todo luce igual.
Mi cariño es descomunal y no tiene necesidades, es más que humano. No hay por que hacer tanto ruido con los pies, no seré la egoísta que destruya por mi necesidad de vacuidad, de incertidumbre.
No, no, todo en silencio. Sin cambio, sin dolor.
Pertenezco a un solo corazón.
Al propio.
No quiero destruirte, mi niño de melena revuelta.
Si he de entrar por esa puerta, ciega y en busca de la nada es para SER.
No te pediré que vengas, no es necesario que te asomes si te aterra, no voy a demandarte que obligues a tu piel a no sentir, ni a tus ojos a ver lo que yo veo.
Se que en mi confías, y también que no es tu momento. Llegaré a casa a mis horas, cumpliré con mis deberes de amante, por que eso quiero ser: seamos felices, pero dame al día una hora de para siempre, para lanzarme al vacío sin arnés, sin manos, sin vista.
Seré tuya, como siempre. Solo déjame una hora, para saltar.
Ahora sé distinguir el teatro por que ya hice yo misma bastantes libretos Sé capturar energías impresas en las letras y en las miradas, por que fue necesaria una pizca de maldad para aprender a ver.
y otro tanto de paranoia para ATREVERME a ver más allá.
Todas las mentes tienen algo de caridad.
La lucidez no combina en el vacío
.
Y el culpable dejó de ser culpable, pues ya no encuentro delito en decidir saltar, sin embargo pronto será preso político por su lucidez sin freno, por no saber callar por conveniencia, por su extrema ingenuidad y falta de astucia, que yo puedo ver por más que se oculte en esa máscara de fiera.
Y él sabe que puedo ver.
Es un homicida imprudencial, bueno, fue un homicida imprudencial por que es bien sabido que quien prueba la sangre de mártir, se vuelve adicto.
Tanta fue la sed de libertad y tan impresionable, ingenua y joven la mente, tan pura quizá, que arrolló a unas cuantas personas en su desenfreno, en aquella frase trillada que repite mi abuela " quien nunca tuvo y llega a tener...".
Esperemos aquí, con una rodilla en el suelo y un pie bien plantado.
Silencio.
Clo!
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