Y prometí que no volvería a hablar a los infiernos y que de mi boca no saldría maldición alguna.
No más.
Que no hablaría ni dirigiría la palabra a los guardias de las puertas y pasaría de largo con mi estela de luz.
No deseaba volver a encajarme en las plantas los huesos de los cadáveres, apilados unos sobre otros, sin identidad sin patria y sin sueños; ni a imprimirme en la piel ese rojo verduzco putrefacto, ni a sellar en mi esencia el aroma de la carne descompuesta.
No volvería a oirles crujir bajo los brazos.
Había jurado cambiar el Nitrato de Plata por la miel de aquella que me devolvió la vida, y que viviría una psicosis voluntaria; que cada minuto a solas no se traduciría en un par de agujas en la piel (o quizá más).
Y que buscaría la felicidad en la arena, en el barro y no en los círculos concéntricos que te observan desde ese lugar al que llaman abismo y que te incitan, cinéticos siempre, humeantes, latentes y llenos de vaho.
Juré que llevaría una vida tranquila en elpalacio. Pero me has pedido descender y aqui me tienes.
A las puertas de tu indolencia.
Cortaré cabezas con la empuñadura de una...cuchara, y diez cimitarras besarán la carne de quienes me han dañado.
Oh dolor!, Oh agonía! ¡Entrégame a las tinieblas!
Ya se me han quemado las manos, mira mi rostro. Quemado está también.
Terminé con mi montón de rezos a media noche, y las vísceras me hierven de cólera. Entregué mi amor a mil demonios que no quisieron entregarse a mi paz.
Dejé por un momento, dos, un minuto un año o una vida mis intentos de conquista en unas tierras áridas donde el sol todo lo ha carcomido.
En las cuevas y en los pilares graníticos que sostienen al mundo, como un par de manos sostienen el agua que se escapa por los bordes de los dedos.
Dejé de ser una salvaje y me convertí en una dama con pretensiones de refinamiento. ¿para qué si ahora he de ensuciar de nuevo mis manos y romperme todas las uñas?
Es así, mi espada sometió imperios enteros y mis palabras hirieron conciencias como el padre trueno.
Me hice en aquel entonces de mil sacos de sangre impura y los mandé asegurar en una bóveda sellada llena de trampas con pinchos y puertas, y paredes corredizas.
Todo un laberinto mental y caótico como solo un alma solitaria puede llegar a ser.
Es éste el rincón de mi conciencia donde las ruletas y los juegos de azar fabrican las ideas, donde dejo de ser mujer y me transformo en bestia.
Me has convocado al infierno y aquí llega la que alguna vez fue una reina.
Nadie la reconoce tras el antifaz y docenas de escamas
.
Se escribieron abadías enteras de libros que el tiempo no perdonó, y las absoluciones siempre tardan tanto como un "demasiado tarde". Piadoso devolvió las letras en forma de suspiros que vienen con el viento y atormentan los pechos de los caidos.
Esperan la muerte y velan por el hermano tumbado a cada lado de la campiña, ahora fértil por el plasma que se filtró hacia el centro de una tierra que nunca da a sus hijos suficientes dones con los que satisfacer su ambición.
Aquí hacen eco sus alaridos. Y se retratan los desmembramientos y abvulsiones. Tal vez, uno que otro alumbramiento.
Pares de manos y pies sin dueño, piernas que ya jamás llegaran a ningún lado.
Esta es la tierra sin Dioses y sin muerte, donde todo permanece inmerso en el barro y de donde no ha de salir jamás.
La tierra de los inconformes que recorren el campo de punta a fin, recogiendo de las bocas y los vientres los últimos deseos. Materia prima para fabricar nuevas utopías.
Ahora que he llegado pon atención y escucha mis pasos resonando por toda la cámara, y por las paredes internas de tu cráneo.
Las cámaras de enterramiento están vacías, aquí reina el silencio y el descanso merece más respeto que el propio hacer en vida.
Leí en la entrada que la muerte no es más que un sueño y que cerrarlo ojos podría costarte la vida.
Los pilares grabados a la arcilla se alzan orgullosos hasta la penumbra inconciliable, imposible de desmenuzar. Si, imposible de desmenuzar al igual que el interior de mis pupilas.
¿Quién quiso aventurarse a jugar con mi dolor?
Tontos! Necios!, que tras este dulce trato y amables caricias hay más que un corazón que ama.
Artimañas y trucos respaldados por mi don de VER.
Pero nadie ve, nadie ve.
La tierra asciende en nubarrones de asfixia, hay metales pesados, hay cáncer y agonía.
¿Quién habló de respirar?
Cierra tus labios en torno a los míos que en este lugar la música cambia de tono.
Rodéame entera que yaceremos en este lugar cuando la última flama haya decidido implotar en un cristal de ceniza.
1 comentario:
sensei!! Konichiwa!!!!
Y bien... Hace tiempo que no te encuentro, sinceramente espero estes bien, mi reconstrucción esta lista, y el edificio principal esta terminado ^^, alguna vez sería bueno enzeñarte algunas fotografías.
Siempre me ha gustado esa manera de escribir, espero que continues escribiendo de esa felina manera, de otra forma el mundo iría perdiendo cada vez mas esencia (por que sip, a veces pienso que nosotros somos gran parte de la esencia del mundo)
Hasta luego Monin!!
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