domingo, 3 de julio de 2011

"¿Cuándo te hemos quedado mal?"

-A veces no estoy tan segura de querer enterarme de todo-dije yo antes de que ellas volvieran de su viaje de reconocimiento.
-¿Cuándo te hemos quedado mal?- me dicen siempre.
Son sus voces inmediatas a los pensamientos que descuelgan del perchero un par de signos de interrogación y se encierran detro antes de salir al aire frío de estos días terriblemente nublados y terriblemente lluviosos, las que me dan tanta preocupación.
Me retuerzo las manos como si pudiera hacer que el calor de la fricción me llegara también a los pies.
Los tengo tan helados que hasta ponerlos sobre los mosaicos del piso se siente tibio.
 Mi estómago se retuerce mucho y si no voy a la cocina por provisiones emprezaré a temblar pronto.
Hace un rato mientras masticaba el polvo que levantan los caballos carrancistas dentro de las páginas de ese libro amarillento y frágil (que afortunadamente no deshojé), me llené de ternura, quise que saliera rápido y envolviera todo.
Entonces escuché el timbre y corrí a abrir la puerta.
Era Rôle, que se había ido un tiempo porque no soporta la dureza del piso en la que la hago dormir cuando no tengo suficiente espacio en la cama. Es que los libros y los problemarios me ocupan todos los muebles.
Volvió porque le gusta la lluvia, y el gris eterno del cielo,  le gusta como escenario de sus tragedias. Me dijo que se había traído consigo muchas, y estaban todas perfectamente acomodadas dentro de su veliz de viaje, creo que por orden alfabético. No me importa, no quiero ni meter las narices allí, ni tocar el tema siquiera.
Me da un poco de miedo, con esa cara de loca, con ese pelo azul y el ojo izquierdo que a veces se le va de paseo del lagrimal hacia afuera, hasta tocar la última negra pestaña. O esa sonrisa tonta, nunca se quita la costumbre de enseñar el mal estado de sus encías o lo chueco de su dentadura.
Llevaba además como diez días sin bañarse, la lluvia sin jabón solo le ha decolorado el pelo, pero el olorcito a seborrea no se le iría ni con tallarle el pelo con lejía. Sabía también que yo era su actriz favorita, vino a verme por el escenario, no tardaría en pedirme que rodáramos algo juntas.
Sus proyectos son casi siempre infames. Todas o casi todas mis cicatrices las debo a los ensayos, ella me hace trabajar sin parar, y repetir los mismos actos mortales una y otra vez.

-Sigo sin estar segura de querer enterarme de todo-le dije.
-Deja de hacerles preguntas entonces.

Pero esque eso es inevitable, las ideas se salen solas, incluso a veces cualquier afirmación o negación que mi cabeza formule sin querer, es respondida inmediato, y quiero fingir que no me di cuenta, que no "escuché" nada. Pero ellas sonríen, no se como es que lo sé, pero sé que sonríen y vuelven a lo mismo: "¿Cuándo te hemos quedado mal?"

"No cariño, eso no" Cuando me pongo terca y les insisto, a sabiendas de que ellas no pueden hacer absolutamente nada para cambiar las cosas, solo están allí para informar.
Es por eso que no sé si quiero seguir enterándome de todo.

Se que en algún momento tengo que volver al río, y dejar que me marquen las muñecas, y que solo entonces podrían ellas hacer algo más que solo informarme.
Sus voces no siempre son malas, incluso a veces, cuando no me gusta lo que oigo, intento creer que es solo otra jugarreta de mi mente, que se inventó unas ellas para sentirse un poco menos indefensa ante el azar de la vida, y que es mi misma mente la que se pregunta y se responde lo que quiere, o lo que teme oír, pero ciertamente, "nunca me han quedado mal".
Y vuelvo mansamente a disculparme con ellas, a decirles que me portaré bien y que seguiré un poco más sus consejos, al menos en lo que el tratamiento hace su trabajo, o hasta que consiga yo haceralgo irreparable y me quede ciega, coja y muda el mismo día.