El arte de la queja es el punto de partida. Hablo de una sensación que después de tanto exprimirla, estudiarla, desmenuzarla en la gran mesa blanca, rosa o verde descosido (según el color de la sábana), me pareció digna de clasificarse como una epidemia, pero ahora creo que es el remanente de una adolescencia que no llegó a su término. Adolescencias hay muchas, pero las hay más del tipo tardío.
Saber que se ha tenido una adolescencia precoz será de gran ayuda para todo aquel que continúe leyendo, es decir, la idea de haber tenido una adolescencia precoz quizá le salve de aventar un zapato al monitor después de enterarse de que aquello que ha estado haciendo, junto con esa sensación no-epidémica, remanente de adolescencia tardía, vale menos que una hache aspirada.
Que es el punto de partida no lo niego, pero eso no le excentará de esa sensación de vergüenza si es que se atreve a releerse desde el inicio hasta la fecha.
"no encuentro la forma"" me siento mal" "he llegado hasta aquí"
"la tristeza inunda todos mis sentidos" "que estoy loco, dicen" "me doy cuenta que esta sociedad..."
Esa literatura de cajón-de-mesa-de-noche está retacada de frases como estas, pero la literatura-de-cajón-de-mesa-de-noche no tiene la culpa de ser tan pobre que de lástima, porque precisamente, su lugar dentro del cajón de la mesa de noche es junto a los narcóticos robados en cantidades industriales y los punzocortantes.
El hecho de que el cajón de la mesa de noche se constituya de esta manera es la clave del éxito de muchas vidas atormentadas: El cuadernillo forma francesa, las servilletas, hojas sueltas y papeles estraza, fases estacionarias de este tipo de literatura reaccionan con el contenido de la tinta, conformando una enzima inhibidora de la narcoticasa mortis. De esta manera, el metabolismo del atormentado permanece intacto.
La vida es así, puede ser así porque los humanos lo necesitamos.
sin embargo, proyectar esta necesidad más allá de los límites comprendidos entre la medianoche y la madrugada pueden ser los síntomas de la enfermedad del arte de la queja.
Los problemas se extrapolan y salpican a los amigos, a la familia, salpican y encharcan.
Las quejas inundan una vida y sus alrededores y el afectado corre por papeles absorbentes y por si esto fuera poco va y los pega, los postea, los remarca en la pizarra.
Quien tenga un poco de juicio los encontrará ridículos, porque la longitud de onda a la que absorben los compuestos de esa tinta literaria quejumbrosa solo aparece en la interfase entre dos días, vistos así al sol, no son más que las notas de un adolescente tardío que tiene la sensación de ser un gran escritor melancólico, un poeta de los de antes, un ser de alma oscura y pensamientos profundos.
Y hay quien lo piensa, se lo cree y porque tiene buena ortografía se siente con el derecho de vestirse color tinta todos los días (quizá para morir de cáncer de piel, quizá para hacer crecer su colección de pelusas) hace palidecer su rostro porque se ha hecho adicto a esas noches insomniales en las que las ideas nefastas pueden correr y hacer de las suyas.
Y entonces ¡oh señores!, el enfermo es todo un artista, admirado por el resto de los enfermos, comparado con los grandes por su gran exhibición de malditismo.
y la literatura-de-cajón-de-mesa-de-noche toma el control del resto de la literatura en determinado sector de la población y surgen nuevos héroes Trágicos, como vampiros que se enamoran de una humana torpe y frágil.
Ay, el arte de la queja nos está robando las buenas ideas.
El tardío va y piensa que las quejas de su vida y el descubrimiento de la parte oscura de su alma son esenciales para el consumo de sus semejantes, y entonces deshecha las buenas ideas sobre parques de diversiones, zoológicos y cines, de tardes de té, globos de colores, ranitas de estanque y hasta aventuras sexuales y deja que la queja lo abarque y se lo coma entero.
Quejones bípedos.
Me quejo de ellos. Estoy harta de verlos por todos lados.
Me siento identificada.
me quiero morir.
1 comentario:
¿Por qué no escribes una canción como la de Emilie Autumn?
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