martes, 17 de junio de 2014

La lluvia y Orfeo

Orfeo deja que le entregue mis pecados.
La lluvia de mis ojos y las lágrimas de la Tierra.
Ella está aquí junto a mi. La relaja el sonido, de las lágrimas, de la lluvia y de la voz de Orfeo que me dice que espere, que descanse, que detenga el carro de guerra. Que de no hacerlo caeremos al barranco.

Y aquí, con Orfeo, la mente se despeja.
Pienso que tenían razón, que lo he hecho todo mal.

Que he de sostener las llamas de mi pecho y soltarlas en dosis discretas. Que no he de quemar, que todo cae por su peso.

Que ya que no se puede evitar lo inevitable, le daremos forma. Que me aventaré con dignidad de espaldas al volcán, que Viviré porque lo anhelo y que Dios me perdone.

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