lunes, 2 de junio de 2008

Un bonito cuento

Había una vez, como ha habido ya tantas veces en los cuentos, una... niña (princesas hay muchas) que vivía en un mundo donde las normas no encajaban con las de otro mundo grande, vecino.
 El mundo de la niña era pequeño, tanto como para que ella cupiera, junto con otras cosas que ella autorizara dejar vivir.
No me cansaré de mencionar jamás que este mundo tenía un lago de cristal, y una gran construcción blanca con una cúpula brillante y muy adornada para observar el cielo.
 No pudo ser jamás inmune, sin embargo a ciertas tentaciones del otro mundo, tenía que ir allí seguido.
Alguna vez encontró un corazón medio maltratado en aquel lugar, tan maltratado como el suyo, y se enamoró de él.
Era un corazón artista, hermoso, cálido, que la llenaba de paz y de ilusiones.
Aunque le gustaba su compañía, siempre tuvo miedo de lastimarlo, por que el corazón de ella era tosco, apasionado y muchas veces cruel, tan cruel que al hacer daño a otros se tenía que hacer daño a sí mismo.
 Un corazón tirano, agresivo, dictador.
 A pesar de esto, esta misma energía necesitaba envolver al artista de cristal, amarlo alocadamente, desvivirse por sentir, luchar por extremar sus emociones.
Ir al mundo era cosa de todos los días, el otro corazón también tenía q ir, sin embargo la hora d regresar al palacio era distinta para ambos y coincidir era casi imposible.
El "corazón muy cruel" disfrutaba atravesando calles y calles, aventuras en una cosa larga y anaranjada que se mueve a todas partes para encontrar a "corazón muy dulce", pero cuando "corazón muy dulce" no tenía ganas de ver a "corazón muy cruel" por que efectivamente era muy cruel, "corazón muy cruel" debía irse solito a casa pateando a todo el que encontrara en el camino, y derramando lágrimas color carmín.
 El palacio temblaba porque "corazón muy cruel" llegaba gritando a todo lo que daban sus pequeños pulmones "¡¡¡¿¿¿POR QUE?!!"
Pero "corazón muy dulce" jamás se daba cuenta.
 Un día "corazón muy cruel" iba cruzando una calle y una manchota roja le empañó los ojos.
Pasó un coche y lo mató.
 FIN

1 comentario:

Tonat dijo...

¡No te creo, no te creo!
Tal vez, "corazón muy cruel" haya tenido ganas de morir pero...
la inmortalidad en este caso es evidente.
Y no lo pienso por el hecho de que no puede dejar así como así a "corazón muy dulce" sino por que en el mundo vecino, el mundo grande, seguramente hay otros corazones que esperan su oportunidad; La oportunidad de convivir con muy cruel e intentar hacerlo muy feliz.