Soñé una mariposa negra, en el montón de palabras de a continuación, en el texto con bolígrafo rojo y donde hasta mis letras luchan por separarse unas de las otras, las palabras hacen filas y las oraciones forman abismos.
Mariposa negra: alguna vez escuché de tí. Oí rumorar, (susurrar) de tus alas que se supone traen la desdicha.
Por Favor, ¡Regálame un par de alas como las tuyas!
¡Arañas! Escuchen la propuesta: Por un par de alas negras, como las de la mariposa, les cambio un par de cobardes.
Dolor dame fuerza.
Mariposa negra: Tengo un par de alas como las tuyas ahora. Se las cambié a las arañas por un par de cobardes.
Mariposa negra, ahora enséñame a volar entre laberintos de encaje.
Muéstrame la vida cuando la pierden las flores, y a los muertos que salen de su tumba reclamando un corazón.
Instruyeme en los pasos y volteretas de las danzas macabras, esas donde amas a la muerte hasta caer dormida.
Mariposa negra, enséñame a vivir muerta; a beber de las bocas llenas de sangre de los que caen en batalla.
A dormir en los rayos de luna, abrazar las alhajas de los poderosos e influyentes.
Dejame ver cómo es que se siente pulir tus alas en los cristales de lágrima.
Ayúdame a estar sola, a volar rechazando el viento, a sobrevivir a la tormenta bajo una hoja seca, a huir de las miradas que odian mis alas negras.
Y guárdame este secreto:
Bajo mi ropa, sobre la piel, la carne, los músculos, profundamente, enorme, sanguínea, latente, viva, mortal... se encuentra la herida de la estaca que me clavé por querer entregarte a la vida, con el fin de salvar un amor que al final intenta salvarse a si mismo, y que jugó todas sus cartas a favor de otra persona.
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