martes, 19 de mayo de 2009

Entonces abrí los ojos, temblando pero ebria de vida

Sin terminar.

Es un misterio cómo empezó todo, pero fui enviada aquí por una razón, aunque el plan de algunos malvados era impedir mi nacimiento. Aparecí en los sueños de mi madre, sentada en una sillita, en alguna playa. Mi piel era oscura y mi cabello rizado, a lo africano. Según los testigos dentro del sueño, San Martín me llevó hasta allí. Dijeron ellos a mi madre que yo sería su hija ahora, ella cuenta que este no dejó de ser un sueño recurrente sino hasta que yo nací.
Fui dada a luz como hija única, pero mi cabello era lacio, café, rubio en algunas zonas, mi piel blanca y los ojos cafés, demasiado oscuros para ser miel, pero no tan oscuros tampoco, más bien como los de mi abuela, que cambian de color según la ropa.

Quiero pensar que nací por voluntad de una fuerza superior y no como un mero hecho circunstancial, sujeto al absurdo de la vida, y mi vida parecía ser e ir a ser normal, con algunas excepciones, como algunos trastornos alimenticios, visuales, y ortopédicos. Y un mal inexplicable que me aquejaba en ocasiones después de la lluvia y las noches de fiesta, después de los cumplidos de desconocidos y en las horas más oscuras.

Cuando cumplí los cuatro años de edad mi padre se marchó. Yo no recuerdo haber llorado más que esa noche y cada vez que veía mi madre llorar; lo que es más, no estoy segura de si esto realmente ocurrió o me lo acabo de inventar pero a partir de esa fecha dejé de sentir por mi padre el profundo cariño que mi familia dice que yo le tenía. Antes de eso, cuentan, yo solo quería estar con él, en sus brazos, sobre él todas las mañanas para despertarlo. Con él a su trabajo, con él a la tienda, con él siempre a donde quiera que fuera. Si todo es cierto, no me queda más que sentir una profunda y legítima pena por él.

Un rato antes, o después, no importa (las memorias de estos días carecen,naturalmente, de cronología salvo algunos episodios donde aparezco en la casa de mi abuela, en circunstancias que he de relatar más tarde), yo enfermé gravemente, nadie sabe de qué. El hecho es que dejé de comer y dejé de hablar. Pero el destino aún tenía planes para mí y por recomendaciones de alguna amiga de mamá fui a caer en las manos de un médico que además curaba con los dones de la tierra. Bajo su prescripción fui bañada cada tarde en agua perfumada y pétalos de claveles blancos, que morían en mis manos antes de que sus pétalos fueran a parar al agua. Durante todas las sesiones mi madre no dejaba de repetir mi nombre, con sus ojos vueltos hacia el techo y las manos juntas, implorando a alguien con el corazón inundado de fe que me devolviera de allí a donde hubiera ido. Y dicen que una de esas tardes, el mal pareció volver por donde vino, la miré y le cuestioné por qué hacíamos todo aquello y entonces pude continuar.

El destino siguió jugando conmigo a los Sims, llegada la adolescencia no hacía otra cosa que clamar por la libertad que mi familia terriblemente conservadora me había negado todos esos años. Comencé a buscar en los sitios más alejados a los valores del hogar, me interné en la era de Acuario buscándole una explicación a ese mar de inquietudes. Leí a Hermes, tres veces grande, conocí al lobo y no hubo vuelta atrás. Perdí el miedo a la sangre y al fuego y me inventé rituales para la mitad de la noche, y entre más leía más me inundaba de una suerte de intuición y de la firme creencia de que la magia existía y que estaba comprendiendo el mundo a través de ella.
Por entonces encontré el palacio enmedio del reino al que bauticé como Serena Tristeza, y solo en ese lugar la furia de mi pecho encontraba consuelo.
También descubrí mi corazón, me enamoré bestialmente y por primera vez, y me apegué y cometí todos los errores que la psicología pueda considerar al respecto, joven como era, solitaria, mi felicidad era la otra persona y nada más en el mundo importaba, ni siquiera yo misma, y cuando todo fracasó intenté luchar con todas mis fuerzas hasta que mi cuerpo no lo soportó más y entonces oí la voz de una niña pequeña dentro de mí, "ella es la misma, la misma soy yo"..."he sido partida por la mitad". Yo no sabía si se trataba de otro de mis juegos de Calabozos y Dragones (versión gótica), si de verdad había conseguido traer a mi vida actividad paranormal o si solo tenía muchas ganas de inventarme un alter-ego que resultara ser más interesante que yo, la cosa es que, mucho antes de que alguien pudiera ayudarme, mucho antes incluso que alguien se diera cuenta, llegó la noche en que sentí al mismo demonio encarnarse en la persona que más me importaba, tomé las pastillas de mi madre y decidí quitarme la vida. No funcionó. Desperté a los dos días mientras el médico me inyectaba alguna cosa, con lagunas mentales y pedazos de sueños y realidad en delirios, me di cuenta de la preocupación de muchas personas. Mi madre no pudo con la idea y hasta la fecha se empecina en evadir el tema y creer que lo que hice fue intoxicarme con jarabe para la tos.
Pero aun no me importaba nada, incluso le di poca importancia al hecho de haber caído de un camión en movimiento en pleno circuito, a la forma milagrosa en la que mi cuerpo se compactó antes de que la llanta me pasara encima y que el coche de atrás se haya detenido a tiempo.
Tampoco me di por enterada de la epidemia que azotó la ciudad (haya sido real o una invención política), pasé todos esos días sin poder levantarme de la cama, salvo en las madrugadas que me entregaba a las series de anime y a quemar madera para tallar unas runas nórdicas, y a sacarme sangre de las manos para pintarlas.

Después de que empecé a quedarme realmente sola, busqué ayuda en el doctor que alguna vez alejó el mal de mi corazón en aquella primera ocasión. A mi madre le extrañó mi petición, pero no pudo negarse a hacer lo posible por encontrar al médico y llevarme donde él. Temblaba de miedo en la sala de espera, y me sentí mejor una vez que él hubo terminado su trabajo, que consistió en baños de aceites con extractos herbales, velas y oraciones. Pero el problema es que él rezó solamente por mi cuerpo y mi alma. Pero la mente tenía otra cosa. Estuve asistiendo allí unas cuatro veces, pero una vez iniciada la contingencia de la supuesta influenza me fue imposible ver a cualquier médico. Sobreviví de cualquier modo a esos días, pero el mal no dejó el corazón de quien yo quise a morir, apenas pude soportar la última de sus embestidas, sus colmillos envenenados atravesaron mi alma y entonces mi corazón pudo gritar y gritar hasta ser escuchado. Gritó hasta quedar sin voz, pero consiguió ayuda. El viernes siguiente a la catástrofe me levanté temprano para hacer una visita a alguien que prometía ser mi única esperanza. (Las cartas, las hierbas y los charlatanes de Plaza Galerías me tenían desesperanzada y el doctor de las flores blancas no podía contra ella). Al llegar sentí las cosas extrañas por las que esperé toda mi vida, manifestaciones reales (o imaginariamente reales) de lo que siempre creí existía sólo para algunos místicos de larga carrera. Después de examinarme durante horas, el padrino llegó a la conclusión de que algo más habitaba dentro de mi. Tal vez cuando encuentre la manera de explicarlo lo expondré aquí. Es necesario tomar en cuenta que este relato empieza al día siguiente de mi bautizo, y hasta ahora no he podido darle forma, y es que si me lo hubieran relatado una semana antes, jamás lo habría creído.

FALTA UNA SECCIÓN DE LA HISTORIA QUE NO ENCUENTRO

Cerré los ojos, años de moralismo condicionado y un enorme respeto por la vida de todo ser caían sobre mi como enormes piedras volcánicas. Mi pie izquierdo descansaba sobre la piedra y el otro se ocupaba en enterrarse en la tierra, bajo el agua, para no perder el equilibrio, mi alma (la que decían que era la verdadera), luchaba contra la corriente y de pronto la sangre hirviendo del mensajero empapó mi piel, escurrió por mi alma y se fundió con el río. ********** Me sumergí entonces y la señora del río cortaba mi cuerpo con mil navajas, una, dos, tres veces, el frío se convirtió en hielo y el hielo se encajaba en la piel. ENTONCES ABRÍ LOS OJOS , TEMBLANDO, PERO EBRIA DE VIDA. ********************************************

Las mañanas dejaron de sorprenderme. Ahora yo sorprendo a las mañanas con el sonido sordo de los latidos de un corazón que esta vez es solo mío. Incluso la clase de cálculo ha dejado de aterrarme (y no es por el hecho de no tener más que perder ahora que he reprobado definitivamente), me parece que mi situación escolar me ha dado una forma interesante de conocer otra faceta de la vida. Conozco las alturas y los profundos abismos y eso me lleva a pensar que en realidad ya nada puede detenerme. Si todo fuera bueno y hermoso ¿Qué sentido tendría la vida? ¿Dónde quedan las buenas batallas? Todo es como debe de ser. Acabo de sanar prácticamente 16 años de vida. Mi cuerpo estaba en la grave encrucijada de fungir como cadáver y como "organismo vivo, pluricelular, sistemático y antropomorfo".

1 comentario:

Anónimo dijo...

Siempre sorprendiendome... no me eqvivoqvé... y comprvebo q las casvalidades no existen para mí...

Vn beso...
Xaoo...!