Monin caminó un buen tramo del camino con los ojos cerrados, sintiéndolo con la piel, reconociendo trayectorias con las manos y dejando que los pasos se tejieran solos.
Bien podría no haber nada de extraño, pues anduvo el mismo camino que usa para morir a diario.
Pensaba.
"Si del otro lado del Atlántico me espera la vida, nada tengo que perder aquí. Por abajo del mar trajina la muerte.
No escucho, soy sorda por que no encontré mejor camino que el volverle la cara a las sombras que oscurecen el pasillo que lleva hasta la bóveda, donde hace poco guardé el libro de las tapas negras."
"Hasta el otro lado del Atlántico no habrá sonido que me alcance, y las malas noticias no serán más que historias. Mitos de aquello que existe "del otro lado del mar", el Nuevo Mundo me será desconocido, solo real en cuestión de recuerdos.
"Una vez que el bolígrafo pigmente la decisión, empacaré un poco de fuerza, pasaré una noche colgada del tendedero y un reloj digital de números rojos comenzará a pestañear hacia atrás. Caerá la noche y mientras duerma mi corazón saltará en pedazos, pues la bóveda al otro lado del Atlántico habrá dejado un enorme cráter en Palacio.
Menos mal q soy sorda.
Que la combuistión no alcance a tocar mis ojos."
-- ¿Te sientes bien?
--¿Eh?
--¿Tienes algún problema?
-- ...
-- Tus ojos, se movían. Creímos que te pasaba algo malo. Tu... ¿sufres algún padecimiento?
Señaló su corazón, sonrió y siguió caminando; unos pasos más adelante se secó la cara.
Hay muchas goteras en el Túnel de la ciencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario