Mismas palabras.
Despréciame hasta que te vuelvas loco, que cuando me importas te odio.
Búrlate de mi, búrlate más, en el escenario soy digna.
Me corté el cabello, ellas traen vestidos nuevos; los cepillan a diario.
Se los advertí: se enredan.
No soy digna de contacto ni del pétalo de la flor del helecho venenoso.
Nunca, mi vida, nunca.
Tengo en cambio una espina de ortiga.
El rôle en rojo.
¿Quién lo contrató?
Pésimo.
De pena ajena.
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