Ese hombre me amaba y yo lo odiaba. ¡cuánto me amaba ese hombre! ¡Y cuánto le odiaba yo!
Odiaba sus atenciones y sus mimos, odiaba incluso que sacrificara sus propios sacrificios solo por tener la gracia de mirar mi cabello caer sobre la espalda, al volverle la cara con desprecio.
¡Cuánto me amaba! Y yo sin poder dejar de odiarlo.
Encarnaba dentro de si los mismos demonios de los que yo soy víctima cada noche que sufro por que no soy amada.
Pero él me amaba.
Él era un caballero de verdad.
Era capaz de regar la tierra con mil gotas de su sangre por ahorrarme a mi una sola lágrima. Sacrificio tras sacrificio, ofrenda tras ofrenda, me hacía creer en mi divinidad y me demostraba de una y mil formas cuánto podía amarme su corazón y su alma.
Había que ver también con cuánta ilusión me esperaba, sentado como una estatua de piedra en el sitio donde su majestad indicaba, y sabía después, por supuesto no como reclamo, que se presentaba en el lugar de la cita horas antes.
¡Con cuanta premura era capaz de atravesar la ciudad solo para recogerme a la salida del colegio y llevarme segura hasta la puerta de mi hogar!
Y yo seguía sin poder dejar de odiarlo.
Me buscaba días y noches por donde pudiera, se aburría leyendo mis historias, viendo mis dibujos y siempre tenía un comentario para cada uno. Notaba en cada foto mía un gesto diferente que admirar, y cuidaba con celo ese que inutilmente creyó siempre "su territorio".
Sacrificó su tiempo, que era el tiempo de un hombre adulto, sacrificó sus amigos, que eran los amigos de un joven maduro, sacrificó sus fiestas, que eran para gente grande y sacrificó todo lo que a su majestad le pareció. Todo por unas migajas de cariño de una chiquilla egoísta y estúpida, que le eran entregadas en el tiempo y la forma que ella dispusiera, y con cuánta frialdad procuré recibirlo siempre.
Seguía mis huellas como un antropólogo entre la arena, y se volvía de pronto el mejor de los catadores al seguir la estela de mi aroma. Y yo, riendo, me escondía de su vista. Sentía rechazo profundo por sus brazos. Él lo notaba, sin embargo supe arreglarlo de manera poco convincente con el cuento de que todo aquello no era más que un juego.
Podía darme el lujo de dejarlo olvidado durante días, sabía que volvería siempre a mi. Me inventaba excusas que sabía que nunca me creería, pero ¿qué mas daba si yo lo odiaba tanto?
¡Cuanto debió amarme para hacer de él mismo un centro de canje!
Mi desdén y mi desprecio, mi falta de atención, todo por un montón de dulces caricias, dulces palabras y suaves besos en las manos, en los brazos.
Mis chiquillerías y comportamientos infantiles por sensuales palabras al oído que me convencían pronto de que estaba yo más cerca de la mujer que de la niña.
Mis berrinches y desplantes por juegos de amor en la oscuridad de habitaciones acortinadas, huyendo del sol de las seis de la tarde y destilando vapores.
Por que es cierto: me entregué a él.
Pero sólo fué por traicionar a aquel quien fuera el culpable de tanto odio.
Y de verdad ¡cuánto lo odiaba!
Lo odiaba por ser él mismo, y no aquél a quien yo amaba con el alma.
Lo odiaba por ser un verdadero caballero, mejor que mi padre y mejor que nadie que hubiera conocido hasta ese momento.
Lo odiaba por ser todo aquello que mi amor no era y que yo necesitaba tanto.
Por eso lo odiaba y por eso disfrutaba de su dolor.
Sus lágrimas de amor no correspondido y la sangre de su corazón roto y su orgullo destrozado satisfacían mi sed de venganza, por todas aquellas noches en las que mi s lágrimas bañaron las almohadas y mi sangre las sábanas, y el piso.
Y a pesar de que sabía que lo mataba por dentro, yo seguía sintiéndome vacía.
Hoy recuerdo con cariño a ese hombre que tanto me amó.
Al que intenté quitarle su vida, o peor aún: su dignidad, y al que le oprimí mil veces el pecho con el recuerdo de aquel verdugo que fue a la vez mi amor.
Lo recuerdo con cariño por que sé que en algún momento he de pagar por mis crímenes.
¿Cómo no amar la muerte propia? Además de que creo que ya lo estoy pagando y con la misma moneda.
5 comentarios:
T.T!!!! Desagarrador!!!! Buenísimo!!!!!! T.T!!!!!! Waaaaa!!! por eso eres sensei!!!!!
Me has fascinado otra vez mas!
'¿Cómo no amar la muerte?..'
Si has brindado, si tanto has dado la muerte chiquita.
"Dicen que usted trae las sombras
y por dentro está toda herida"
Aquel al que tanto odiaste, tal vez no quiso creerlo, tal vez disfrutó con muy poco, tal vez, sólo tal vez, espero lo inllegable.
u.u
Solo puedo mencionar ,"Pobre corazón que no sabe que decir si te vas por lo que soy o por lo que nunca fui."
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