domingo, 2 de enero de 2022

Por este amor vuelca tus ansias en las mías

Era el periférico y eran las luces y las sombras sobre nuestras caras. Eran también los motociclistas que no nos dejaron tomar la ruta de siempre, desde la ciudad de arriba donde él pasó una juventud viendo a su perro comerse las peras del árbol, hasta el lago seco y asfaltado cerca del ruido de los aviones. Era un trayecto de una hora. Eran las copas que habíamos bebido y era su auto miniatura, rojo como una flama. Éramos nosotros, los que somos cuando somos libres. Eran sus piernas temblando y las mías anticipando el diluvio. Eran mis manos. Y era su mano derecha, a veces en mi profundidad y a veces en la palanca de velocidades. Y de pronto ya era el viento, y la velocidad y la furia y la ira roja. Y eran también las ansias y las ganas de un trayecto interminable. Y al final eran las lágrimas añorándolo, deseando volver a las luces, al periférico, al auto rojo, a sus brazos. Y la libertad que solo tengo cuando el corazón dentro de su pecho, empuja su sangre contra mi piel.

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