No me interesa que esté mal escrito, no me interesan las comas y mucho menos las faltas de ortografía, coherencia, lógica, sintaxis.
Nada.
Lo único que me importa es escribir para que al terminar pueda leerlo y así mi mente piense que hablo de alguien más.
Soy aficionada a dar consejos sabiendo que para hacerlo debería primero estar bien con mi propia vida.
Pues después de leer aconsejaré como mejor pueda a la mona chiflada que en estos momentos está frente al monitor intentando no pensar en lo egoísta, floja, desobligada, irresponsable, geniosa, berrinchuda, egocéntrica, mal educada, convenenciera, y mala hija, nieta, amiga, compañera... que es.
Sin descanso ni interrupción mi existencia es así: me encuentro marineando por la vida y escenarios cuando un ruido molesto me perfora los oídos.
Es una especie de zumbido atronador que emana de algun lugar cercano a la masa de cabello enmarañado en que se convirtió mi cabeza durante las altas horas de la noche.
"Maldita seaaaa", "Hagan que se detenga"!!!
Mi corazón comienza a latir deprisa, me asusta, me sobresalta.
El sonido golpea sin piedad la madera y las paredes internas de mi cráneo, la sangre se revuelve en mareas que van y vienen por todo mi cuerpo, llevando y trayendo la sangre de las arterias de un rojo en escala cromática.
Cuando caigo en la consciencia de poseer un cuerpo, estiro un brazo apresuardamente para palpar el terreno. Una vez me aseguro de la dirección del sonido comienzo a buscar a tientas la causa del escándalo y me topo con un mundo de objetos fríos y multiformes que asustados de mi presencia se lanxan al vacío, haciendo aún más escándalo cuando sus cuerpos chocan contra el suelo.
Mis manos de cierran sobre algo que o deja de moverse y proferir alaridos.
Aaaa!! Pero que tonta.
Oprimo una tecla, llevándome el objeto a mi oreja y en voz muy bajita digo.
"Bueno?"
Nadie responde y en su lugar el demonio sigue vibrando.
Mi cerebro envía una señal y haciendo caso lo acerco hasta mí.
La luz que produce me obliga a entreabrir los ojos, y puedo notar que éstos están cansados y adoloridos. Necesito dormir una eternidad.
La "cosa esta" sigue vibrando pero la palma de mi mano logra ahogar un poco el sonido.
"Despierta Mini Kto" prende y apaga
"Despierta Mini Kto"vuelve a encender
"Despierta Mini kto"
5.00 am.
No. No quiero.
Maldito despertador.
Y me sumerjo en pensamientos negativos, anhelando desaparecer la realidad. Recuerdo cosas, y comienzo a enumerar una a una las materias que he de tomar ese día. Las características de mis maestros, las tareas que debo entregar, y los trabajos que seguramente he de realizar.
Pienso en todas las personas a las que lastimé le día anterior consciente o inconscientemente, pienso en lo que debería haber hecho y no hice, y que puedo aún hacer ese día pero que seguramente no haré.
Pienso en mis tareas incompletas y en los ejercicios resueltos con desgano, pienso en el periodo de examenes departamentales cada día más cerca.
Pienso en el peso de la mochila en el camino de regreso a casa, pienso en el calor o en el frío.
Pienso en los quehaceres de la casa, que siempre dejo para el último.
Pienso en mi mamá que seguramente ya perdió las esperanzas conmigo, y en mi abuela a quien he de parecerle una especie de espectro peligroso...pienso, pienso, pienso en tantas cosas, hasta que el condenado celular vuelve a vibrar.
"1 Mensaje de texto"
Leo despacio, procurando sacarle el jugo a cada letra y rezando por que esas palabras de aliento del único ser en este mundo que quizá esté en la misma penosa situación existencial que yo se hagan realidad. Él. el único.
Dejo el celular en el buró, y vuelvo a buscar a tientas el interruptor de la lámpara.
Todo enciende.
Tallo mi cara contra las almohadas, a lo mejor aún tengo la oportunidad de que en ese mismo instante caiga una lluvia potencial, un huracán, un apagón. Algo que detenga el flujo irremediable de mi vida hacia adelante pero no sucede nada.
Siento pasar unos minutos antes de decidirme a abandonar ese mundo desesperante y calientito.
5.07 am, siempre la misma hora.
Apoyo un brazo en la almohada, deseando que ésta me sostenga y me levanto.
Si encuentro zapatos cerca, me los calzo. Si no, camino hasta el pasillo sin dejar de rascarme la cabeza, recojo la bata y la toalla que están colgadas en un gancho rojo cerca de la entrada del baño y enciendo la luz.
Todo lo que habita el espacio de allí dentro es rosa, rosas las paredes, rosa el jabón, rosas las toallas y los adornos de la pared.
Me apresuro a encerrarme tras la cortina blanca con conchas marinas en verde y azul,(gracias al cielo no es rosa) y a caminar sobre un suelo color amarillo.
Extiendo la mano y giro la llave de la derecha.
Un chorro de líquido frio salta hacia mi mojándome la ropa. Con toda la rapidez que me permiten mis adormilados miembros me desprendo de los escasos metros de tela q cubren mi piel y los lanzo por encima de la cortina, procurando que caigan lo más lejos posible de ésta para que no se mojen con el salpicadero que hago al bañarme.
Comienzo por la tarea más difícil: limpiar mi cabello. Recojo una botella de el suelo, y "vierto una generosa cantidad sobre el cabello húmedo, doy un ligero masaje con las yemas de los dedos y enjuago con abundante agua" tal como reza la etiqueta adherida a la botella.
Mientras hago espuma, y mi cabeza semeja una gran nube a punto de reventar sigo pensando en las cosas que debería estar haciendo por mi vida. En el peor de los casos armo historias cuyo acto final es una muerte horrible, por lo regular mía, o busco maneras suficientemente dolorosas para suicidarme.
Como una pizquita de suerte las lágrimas de sal se confunden con el agua clorada, y yo puedo fingir que no estoy llorando.
Terminando una historia, me doy cuenta de que ya me tardé bastante lavando mi cabello. Me meto bajo el chorro directo de agua y dejo que la espuma resbale por mi piel hasta el piso.
Me lleno la palma de la mano con acondicionador y lo estampo en mi cabello, con la esperanza de que ese día funcione mejor el "anti-sponge".
Limpio mi piel con rapidez y salgo de allí, por que el boiler se apagó ya y el agua comienza a enfriarse.
Camino de nuevo hasta quedar frente al tocador, mi cabello está hecho bola dentro de la toalla que puse como un turbante alrededor de mi cabeza, y mi cara está pálida.
Debajo de mis ojos se ven dos manchotas púrpuras.
Muero de sueño.
El reloj: 5.38 , siempre 5.38.
Voy al cuarto de mi mamá y enciendo la luz, aún está dormida.
Recogo del clóset lo primero q encuentro limpio y que no tenga que plancharse y salgo de allí.
Tardo un buen rato en vestirme, y mientras mi mamá se levanta a hacerme el desayuno.
La luz que le dejo prendida le lastima los ojos y la obliga a despertar, por que ella, aún poniendo el despertador del reloj, el celular y la televisión, no puede hacerlo.
El momento de tortura viene en el momento de ponerme los lentes de contacto, aunque los uso desde hace años, el par que tengo actualmente está llegando al término de su vida útil, eso, y el hecho de usarlos tercamente por más de 12 horas seguidas hace que mis ojos resientan y ardan un buen rato hasta que pierdo la sensibilidad de nuevo.
Voy a desayunar con el estómago revuelto y al terminar recogo los platos y me lavo los dientes.
En ocasiones, cuando han pasado muchos días sin que me acerque a Orpheus, ocupo el tiempo que tarda mi mamá en arreglarse para arañar algunas piezas, sin tiempos, sin matices, y con el pedal sostenido todo el tiempo.
Cuando la situación está muy mal me vuelvo a tumbar en mi cama semi-tendida, y allí me quedo hasta que mi madre me levanta. Entonces corro a recoger el celular, el dinero, boletos del metro, llaves o algún cuadreno que sea necesario llevar y que haya olvidado poner la noche anterior.
A mi mamá le molesta esto, después me obliga a recoger lo que se me haya olvidado en la mesa de cuando desayuné, y por fin salimos. Yo con la mochila pesadísima sobre el hombro derecho ( el único de mi par de hombros que la puede soportar), ella con un montón de bolsas.
Las aventamos como sea dentro del coche, yo abro el zaguán.
El metal emite unos chirridos que podrían ser delito a esas horas de la mañana.
Si opté por la vía del sueño antes de salir, mis lentes de contacto se quedan pegados a los párpados y me cuesta muxo trabajo mantener los ojos abiertos, por lo que al subir al carro los vuelvo a cerrar, a tientas estiro la mano hacia el asiento de atrás y jalo una cobija rosa que mi mamá siempre tiene allí.
El color en este caso es lo de menos, mientras cierre los ojos todo irá bien, entro en sopor por que el motor me arrulla e intentando en vano atender a todo lo que mi madre dice, el sueño vuelve vencerme, pero es un sueño intranquilo, cada paso a desnivel siento revolverse mi estómago y despierto.
Al dar la vuelta en la gasolinera ya voy semi despierta, lo que más pena me da es llegar hasta ese lugar con la boca abierta. Casi siempre abro la boca cuando me quedo dormida en el carro, es detestable.
Al dar la vuelta en la esquina de la escuela hago bolas la cobija y la aviento hacia atrás.
Busco en la mochila la cartera y saco a toda velocidad la credencial antes de que mi madre aparque en doble fila.
Con toda la agilidad que me es posible me movilizo hacia fuera del chevy azul y cierro la puerta.
Abriéndome paso entre montones de estudiantes que al igual que yo no tienen ganas de entrar le muestro al policía de la puerta la credencial y me encierro en ese otro mundo que es el CECyT.
Busco a mis amigos y compañeros de clase, con el afán de distraerme con sus comentarios.
Me fuerzo a reir con algunos y a buscar la manera de encajar. Y es que soy una persona tan difícil que no entiendo como me siguen hablando.
He desarrollado la habilidad de escuchar varias voces a la vez y entenderlas todas:
La voz de alguún cantante dentro de mi cabeza, mi propia voz preguntándome qué es lo que debo hacer, cómo responder, cómo actuar, otra voz diciendo cómo es probable que muera, otra más decodificando lo que voces del exterior me están diciendo...
Voces y voces.
Sé que soy una persona tal vez dañina, y por eso mismo siento aún más cariño por las personas que me rodean. Tienen que estar llenas de cualidades y valores para no contaminarse conmigo, y tener un alto sentido de tolerancia.
No se por qué he de ser tan prepotente.
Procuro ponerles atención, hacer que no se sientan tan mal con mi presencia. Quiero reír con ellos y ser feliz como ellos.
Pero algo muy dentro de mi me sigue diciendo que no soy igual, por algún motivo fuí elegida para poseer otra visión, para preocuparme por descubrir en la vida cosas en las que nadie más repara.
Y nadie repara en ellas precisamente por que es absolutamente feliz.
Yo tengo que buscar la felicidad equilibrando todo lo que conozco. Y puedo ser feliz en ciertos momentos en que lo decido. Pero mi búsqueda me obliga a dejar de serlo a ratos, por que solo así me es posible encontrar más sobre lo que reflexionar.
No se puede vivir creyendo que todo está bien en nuestra vida, por que entonces jamás podríamos evolucionar. Dice mi papá osito:
"Hay que pulir la piedra"
Sí hay que hacerlo.
Pero hay tantas maneras, tantas doctrinas... no sé si aceptarlas todas y quedarme con lo que me sirva, buscar la propia, creer en todas, creer en ninguna.
Oh, por el amor de Dios, Odio la Trigonometría.
Llega el momento de regresar a casa, si no veré a mi Lobo, este trayecto es pesado.
A veces no puedo entender que me haya hecho inmune a los castigos.
Con tal de verlo llego tarde a mi casa, enfrento el regaño y regreso a mi rutina.
No me importa demasiado.
En la mayoría de los casos, cuando sólo se trata de llegar a casa tomo el camión que va hacia la raza, con trabajos me meto entre la gente, los camioneros malhumorados me avientan el cambio sin mirarme. Para ellos soy solo una persona más, como ellos los son para mi.
Dios mío, no quiero ser racista pero ¿Por que la gente se deja engordar tanto? ¿Tienen la autoestima tan alta que no lo notan? incluso personas de mi edad pesan más que bestias. Todos sudando, todos apretujados y lo peor: los enfrenones.
Conozco tres o cuatro frenos diferentes, sé que cuesta mucho trabajo calcular la distancia entre el vehículo y los topes (o al menos en mi esta actividad requiere un esfuerzo especial, soy la persona más torpe y descoordinada que conozco), pero no es necesario que nos desnuquen cual vil ganado rumbo al rastro.
Somos personas.
Yo soy un pequeño gatito, salgo volando al menor aventón.
. Música que cualquier persona sin estudios puede reproducir. Música vulgar.
Contados son los coductores que se dignan a poner música disco, música d los 80´. Algo más decente.
Si consigo asiento me quedo muy quieta y me alejo de ese maldito lugar, pienso en mi vida dentro de unos años, lo que me gustaría hacer, a veces me obligo a repasar las lecciones de alguna clase, sobre todo si son de etimologías.
Me gustan las etimologías.
Me va invadiendo un sopor soñoliento,siento escurrir el sudor por mi nuca y los ojos se me quieren cerrar. Me desagrada sudar
.
Llego a la estación, y a veces sola, a veces acompañada bajo las escaleras que me llevan unos metros bajo tierra.
Me pierdo en una larga fila para comprar boletos que probablemente no usaré: espero a que todos mis acompañantes compren sus boletos y justo cuando el policía de los torniquetes se distrae me paso inmediatamente detrás de una persona por el primer torniquete de la derecha.
Hace mucho tiempo que está descompuesto y uno puede entrar sin necesidad de gastar energías vigilando que al aparatejo se le pegue la gana tragarse bien el pequeño cuadrito de cartón.
Casi me siento realizada cuando me doy cuenta que la gente sigue metiendo boletos antes de fijarse si el torniquete sirve.
Es como si alcanzara un nivel de superacion espiritual mayor que el de todos los demás. Jaja, que bobo suena eso.
A lo mejor eso es señal de que las personas hacemos cosas por pura rutina, con la seguridad de que nada puede cambiar de sitio.
Ese torniquete fué descubierto por que Marco quiso hacerle una broma a Andrea: girar el torniquete desde dentro justo después que Andrea metiera su boleto. Nos intrigó bastante la manera en que la broma fracasó.
Desde entonces pago mis impuestos al metro solo cuando el policía dura mucho tiempo y no se distrae, y comienza a lanzarme miradas sospechosas.
Entonces me decido a pasar por "una más" de nuevo.
Justo frente a mí comienza el famosísimo "Túnel de la Ciencia", donde ocasionalemnte las pantallas anuncian: "Savías que...?", ¿Se ve raro?, si, estoy de acuerdo, yo sabía que todos sabíamos que el verbo "saber" va con B.
En fin , me gustaría traer más tiempo disponible y menos libros oprimiéndome la respiración para detenerme a cultivar mi vida leyendo cada uno de los letreros con los que hace mucho tiempo alguien se dedicó a enriquecer esos grandes cuadros luminosos.
Todo es casi biología.
Tantas historias se me ocurren al mirarlas que casi no doy cuenta que mis pies son los que se adueñan de la dirección de mi cuerpo. Ellos saben que tenemos que regresar a casa completos. No mepreocupo muchoo, son pies obedientes.
Tanta gente alrededor de mi, tanta que viene sin prisa estorbando a aquellos que si la tienen. Yo continúo caminando.
Cuando me da por vestirme de manera extravagante (vestido negro, medias monocromáticas, botas de agujeta, sacos con mangas aglobadas. encajes ...) siento algunas miradas fijarse en mi momentáneamente y proseguir su camino.
La idea era desaparecer, no llamar más la atención.
Por eso me encanta pasar por el tramo de tunel destinado a informar a los metro-usuarios de la posición de las constelaciones. Entrar allí es como quedar sin rostro por unos gloriosos minutos (o lo que tardes en salir). Nadie es nadie, si traemos algo blanco, nos volvemos azul ,llamativo, y nuestro rostro sigue perdido.
Si vamos con colores oscuros desaparecemos. Es una sensación extraña saber que estás rodeado de personas y que, por el momento no eres nadie para ellos ni ellos para ti, ni siquiera una crítica.
Al salir todo vuelve a iluminarse y a partir de allí siento que mi alma se relaja, no se. Mi camino se bifurca, a la izquierda dos escaleras que llevan a Pantitlán. A la derecha, dos que me llevan en la dirección contraria. una exposición tras unos cristales negros o tras unas vitrinas.
Depende del día, depende del humor, elijo la escalera del fondo (la que no debe ser por que es sentido contrario, pero que sin embargo queda cerca de los primeros vagones donde me gusta viajar) o la primera por la que paso (la que debería usar, pero que queda lejos del lugar donde yo abordo, y que por lo tanto me obliga a desfilar como en una pasarela un buen tramo del andén hasta llegar al lugar de los primeros vagones).
Una vez arriba abandono un rato la carga en el suelo mientras llega el monstruo color naranja que transporta mi cuerpo físico a velocidades que solo jamás podría viajar.
El calor se encierra dentro de esos espacios con puertas asesinas (si se cierran sobre alguna parte de tu cuerpo). Todos los que permanecemos despiertos nos miramos los unos a los otros.
Mi mente terca me dice que quiere nuevas historias para inventar, pero me choca que siempre quiera llevarme a la muerte. Mejor intento pensar en cosas y sustraerles las palabras, pensar sin palabras, sin idioma.
Aragón.
Me toca bajar.
Me encierro entre paredes móviles de color naranja, cuando desaparecen y puedo volver a la realidad material bajo las escaleras, por alguna razón mis piernas no dejan de temblar.
Me atoro con todo y mochila en los torniquetes de salida y hago el ridículo frente a unas cuantas personas. Subo las escaleras no sin torpezar unas cuantas veces y al salir pongo cuidado en cruzarme la calle.
Mi trayecto de aquí a la casa es largo y aburrido, cruzar las calles con cuidado de no ser atropellada, en el sol, son como unas 7 cuadras, y a cada una voy recordando las que faltan para llegar.
Me gustaría poder caminar invisible por la calle.
Al llegar a mi casa, abro la puerta.
Me siento tranquila cuando la llave tiene que girar varias veces en el cerrojo antes de que la puerta ceda, por que eso es señal de que no hay nadie en casa. Cuando la llave abre a la primera, quiere decir que tengo la comida casi servida y una abuela cariñosa esperando preguntarme cómo me fue.
Cuando llego y no hay nadie, puedo gritar, o llorar, puedo poner mala cara sin necesidad de darle explicaciones a nadie, puedo dar explicaciones sin q nadie se moleste.
Porque vivo en un lugar donde el sentirse de malas o deprimido está prohibido, el estar de mal humor es un pecado que tengo q pagar con soportar el nuevo mal humor de alguien más.
Terminando de comer, prendo la computadora y me pierdo aquí. No hago tarea por que me deprime hacerla
. No hay nada q me lleve adelante.
He dejado de soñar.
Ya no soy yo, no veo la luna, no rezo con ella, no pido por mi, no pido por nadie....
4 comentarios:
El contenido me agrada más que el mismo título, hay títulos grandiosos con fondos vacíos.
Eres buena. Es, particularmente, mejor que haya alguna mujer con tan buenos escritos. La mujer es, científicamente, más inteligente que el varón.
Sin emabargo existen más autores varones que autoras.
Me agrada leer tus textos, mandas a otra dimensión y, permites pensar. .
Eso es , a mi juicio, la finalidad de los textos.
Pensar.
Escribes bien, expresas tus ideas y sentimientos con claridad, tu naración es amena y te instala justo en medio de tu psique.
Waw Genial. divertida manera de relartenos, Felicidades ¡¡ una palabra mas. Sigue ¡
Parece que todas estas palabras de admiración y ánimo no han servido para que nos des el gusto de seguirte leyendo.
¿Cuándo publicarás nuevamente?
Te quiero.
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