miércoles, 4 de febrero de 2009

El clima del CECyT

La helada matinal termina. Ahora nos evaporamos. El calor decidió que era preciso e inició sus labores. Se despertó tarde, como suele hacer en invierno y le cantó al sol, para que también él despertara.
Después del deshielo, empezamos a notar que los huesos dejaron de doler, por que el calor comenzó a brincar de piel en piel, roce tras roce. Y nuestros cuerpos presos dentro de tejido vegetal amenazan con derretirse.
Ahora tenemos la sensación del sudor frío, ese con el que se despierta cuando se han tenido pesadillas. Cuando el corazón se agita y los ojos se abren solos, y, al notar la oscuridad miran en todas direcciones, descubriendo que las cobijas están hechas un lío al pie de la cama y los montones de almohadas desparramados por el suelo. Estamos presenciando el clima del CECyT a "la hora adecuada". Y al igual que a través de la historia, todos añoramos desprendernos y deshacernos de aquél monton de suéteres, gabardinas, chamarras e incluso cobijas por los que algunos sufrían hacia unas horas.
Cuando existe hermandad entre nosotros en "la hora inadecuada", valoramos quien esta a punto de comenzar a agitarse y tiritar, y una vez decidido le damos la gabardina más ancha, y lo invitamos al calor del abrazo (aunque con algunos acuarianos el trato debe ser distinto)...Mi vida se ha tornado un tanto agresiva desde que decidí notar los efectos negativos de la falta de cariño en mi persona, por que precisamente a mi corazón se le ocurrió depender de personas que no necesitan abrazos.
El dia de hoy el clima del cecyt escurre por mi cara, como cada noche. Todos los días me levanto con esperanza de dar un paso más, los pasos duran unos segundos, así, entre más pasos doy más segundos transcurren y la cuenta regresiva desde el momento en que piso hasta el día en que pueda ser feliz avanza de manera positiva.
Si todo sale bien me quedan aproximadamente de 30 a 40 años de vida (no siento actualmente deseos de vivir más), esos años he de ocupalos esperando.
Sin embargo cada noche (si no es que poco antes), me doy cuenta de que he fracasado una vez más. La helada en el cecyt y el palacio derruído llenan mis ojos y los climas, al combinarse en una reacciòn de adiciòn se precipitan hasta que después de 0 a 5 horas de reposo se cristalizan en mi cara.
La pregunta al cruzar las calles es siempre la misma: ¿por que ya no puedo ser un sueño? ¿Cuándo podré sentirme necesitada, amada, atendida... otra vez?
Ahora ya no vengo en metro. He iniciado el dichoso servicio social.
Ella me hace sentir bien, tengo ganas de protegerla y a la vez ella me cuida. Me gusta cuando dormita a mi lado en el coche, el cansancio, estoy segura nos invade a ambas. Pero aunque es como mi hermana y en ella tengo mucho de lo que me hacía falta, aun necesito el cariño de hombre, ese del que desde pequeña carecía y que creí tener hace muy poco, pero que fué disminuyendo por culpa de ese monstruoso lugar y que ahora casi se extingue, permitiéndome sentir el clima del cecyt.
Por las tardes me derrito dentro de ese cubículo de plástico,inscribiendo personas, pegando fotos, sellando papeles, haciendo listas, atendiendo llamadas, atendiendo personas y envidiando a las niñas que entrarán pronto a a la media superior, que van acompañadas por sus padres.
Jamás podré olvidar a esa familia: el señor se ruborizaba y le brillaban los ojos cada que volteaba a ver a su mujer, quien traía de la mano a un niño pequeño de mejillas rosas, el niño se veía sano y feliz. La hija mayor del matrimonio tenía una expresión de seguridad que no pude evitar envidiarle, por que era una seguridad humilde. El señor tenía ojos muy grandes y preguntaba todas las opciones para estudiar la carrera de medicina, y su preocupación por que su hija no pudiera entrar al cecyt. Se fueron caminando despacito, con toda la seguridad y la fortaleza de un palacio como el que construi para lograr algun dia ese hogar que nunca tuve, y como el que en seos momentos veía bajar por las escaleras del segundo piso del Edificio de Gobierno.
Cuando no escuché más sus pasos, me abracé a ella y oculté al clima del cecyt, que volvía a llenar mis ojos.



(el exceso de trabajo me impide continuar)

5 comentarios:

Wolfkrieger dijo...

""No soy un caballero, y tu bien lo sabes, y no puedo ser un hijo de Mèxico, no puedo, no tengo lo necesario, espero que pronto consiga el plomo que acabe con mi sufrimiento, cuidate""

Unknown dijo...

Qué tal. El tiempo no permite continuar.

Maldito-

:)

Saludos

Tonat dijo...

Inevitablemente, supongo, el tiempo es el único que puede, el único con la facultad de 'continuar' no importa qué.
Pero tú estás un pasó adelante, te has dado cuenta ya, que él no quiere permitirte continuar. A veces, las más, lo logra, pero sé que sabes, sé que lo sientes; no es tan fuerte.

Nycher dijo...

que excelente texto, genial ¡¡ ya me suscribi a tu blog, y estare leyendote muy a menudo...
Gracias por visitar nuestro blog,

Mystique dijo...

Vaya, pues, definitivamente, ésto es diferente a lo que yo siempre opiné sobre hablar del clima.
Pero es diferente también porque vas más profundamente, y lo describes de una manera bellamente poética que transmite tus sentimientos, no es una plática banal sobre lo lindo o feo que sea el clima.
De todas formas, me gustó tu entrada :)