domingo, 7 de junio de 2009

Pararrayos

Nací para ser un pararrayos. De esos que están en los techos de los rascacielos y nadie nota nunca.
Están tan acostumbrados al bienestar que sólo piensan en ellos después de la tormenta.
 "Gracias a Dios tenemos pararrayos" dicen. Y voltean hacia el techo, recorriéndolos (más bien deslizando la mirada) de la base a la punta. Y a la mañana siguiente ya no los recuerdan.

Soy un pararrayos que fue elegido entre muchos. Por que aunque la herrumbre cubra mi cuerpo, en el fondo sigo cumpliendo con la función que da sentido a mi existencia.
La herrumbre es óxido.
 Un óxido se forma por la combinación de oxígeno con metal.
 Las lágrimas oxidan mi cuerpo y mi alma.
Pero por ese motivo sigo siendo un pararrayos.
 Soy un pararrayos y como tal soy capaz de soportar descargas eléctricas.
Soy quien permite que la gente camine bajo la lluvia sin preocuparse por la muerte.
Soy esa persona en la que nadie repara y que lucha por mantener la estabilidad de todo lo que le rodea.
Soy la seguridad y la fidelidad. Y voy contra el viento y los ciclones para ser fiel y hacer sentir seguros a los que quiero.
 Soy capaz de llorar, de gritar cuando algo me duele.
No me molesta que salga a la superficie mi parte humana, pero soy un pararrayos y debo mantenerme firme y en posición. "No importa cuán grande sea tu pena, el mundo no se detendrá por ti"
Un pararrayos verdadero protege su hogar sin importar cuánta carga eléctrica propia tenga dentro. Soy un pararrayos verdadero.

1 comentario:

Unknown dijo...

No importa cuán grande sea tu pena..
Sí se sienten tus líneas. Es también difícil hablar de la mente demente, aunque su existencia científica no lo sepa. Que te encuentres bien, :)
Saludos Monin