Lo escribí para un muerto que planeaba contar su historia, hace más de un año, o quizá mas de un siglo:
Acababa de adquirir ese pesado volumen, el de las pastas forradas con piel negra y broches plateados en las esquinas.
Fue el primer objeto que logró robar por completo su atención al entrar en la tienda, estaba sobre uno de los estantes más alejados (como si alguna extraña fuerza lo hubiese dejado allí a propósito) no supo por qué, y no quiso preguntárselo, pero fuese cual fuese la razón, sabía que no podía abandonar el local sin llevar consigo aquel objeto.
Caminó decididamente, abriéndose paso entre las estanterías, sobre las que miles de libros le observaban silenciosos, ninguno hablaba tanto como aquel monstruo negro.
Incluso sin abrirlo, ella sabía que las cosas que se desencadenarían después no tenían nada que ver con lo que hubiese visto o leído hasta el momento, las hojas tenían un olor misterioso, que jugueteaba con la curiosidad de quien lo tuviese en sus manos.
Salió de la tienda con el pequeño paquetito, abrió su mochila y lo metió dentro junto con los otros. No era eso precisamente lo que tenía planeado comprar, y sin embargo no se arrepentía.
Después de alimentar a Duqueverto, se sentó en la cama, encendió la vela aromática q le regaló su madre en navidad, y después de arroparse hasta el pecho con las sábanas, abrió la primera página…
1 comentario:
Aaaah! Quiero más, quiero más.
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