lunes, 17 de agosto de 2009

A la hipocresía

El fuego es caprichoso. El fuego suele obedecer halagos, pero el que maneja el fuego debe saber cómo no inflamarse con él. Por que entonces juntos se convierten en una bestia, y el antes domador de llamas se reduce a cenizas, consumido por sus propios impulsos. Es por eso que el fuego y el domador a veces son sordos al tambor de guerra. Solo a veces, mientras inicia la batalla.

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