Y bajo la constelación de Leo la espera envenena el corazón con indicadores de impaciencia. Fenoftal...moninas.
La vida me devuelve el tiempo que las letras me robaron, ahora estoy llena de música, música y noche.
Vuelve el tiempo del nerviosismo en las venas, de los segundos de vapor y el dulce terror de una mirada oscura, tierna, conquistadora.
De nuevo esas ansias desalir corriendo de las aulas, de pagar los segundos con monedas de suspiro.
Imaginar que somos de otra época, rascarnos los bolsillos e imaginar que lo tenemos todo.
Mirar hacia el piso y bailar sobre el mármol...¡Tan parecido a mi!
Mis propios sueños.
El llevar la alegría y la felicidad a las cámaras de la tragedia y de la euforia.
Las uñas negras, la ropa del sexo contrario, el rostro elevado hacia el cielo al caminar, como si quisiéramos probar que somos nobles gobernantes de nuestro mundo, que ahora se fusiona, se entrelaza entre lápices de colores y pentagramas enrollados.
Vampiro, me has mordido y la herida late en el corazón.
Tengo ahora el alma inmortal, inmortal por la música.
Abraza como yo misma, como los animales de sangre caliente sabemos hacer.
Mi caballero dextrógiro y levógiro.
¡Cuánto te quiero!
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