jueves, 10 de septiembre de 2009

El texto egocéntrico. (Acuarianos, favor de no vomitar... y resto del público: se les recomienda abstenerse también.)

¡De modo que es así como se siente enamorar de de la nobleza!
 Es así de fácil suspirar por un Corazón de León, de la confianza adictiva que te hace sentir a salvo, ¿por qué confiar en alguien así?

No sé, sólo es que uno siente que "es menester" hacerlo (si Mar, con la "ter" tónica), y es imposible rechazar la cercanía.

 ¿Es esto lo que uno padece al sentir la necesidad del gatito Melena de León, de la voz chillona, del andar gracioso?

Oh, que cruel.

Está presentándose ante mi la ternura a la que quedan expuestos aquellos desventurados que se atreven a amarnos.
 Y es esto lo que le incomoda de nosotros a los corazones egoístas: la entrega absoluta de un Leo a quien decide amar, su lucha por detallar cada momento.
Es así.
Es esto lo que se siente quedar encerrado en el Palacio de los Reyes del Mundo.

Su ternura abrazable y su ridículo orgullo, que de tan ridículo a veces hace gracia.

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