lunes, 29 de junio de 2009

Para Rubén, el del otro lado del Atlántico :)

¿Alguna vez has tenido la sensación de ser transportado por las olas mientras duermes?
 No sabes si son olas de sueño, olas de viento, olas de mar u olas de cielo, pero tu piel ondula y se siente suave.
 Y mientras te debates entre el sueño y el delirio te dejas llevar por la sensación. Estoy segura que te ha pasado y que ansías que sea cierto que viajas, que vuelas, y que despertarás en ese sitio con el que estuviste soñando mientras venías sentado en el transporte público, esperando la hora de reunirte con tus amigos, esperando la hora de llegar a casa.
 Monin ondeaba también en su cama adoselada, y las cortinas se movían con el viento que se colaba por la ventana abierta. Entre sueños escuchó el sonido del mar y se imaginó en un gran bote, navegando por todo el Atlántico.
Despertó con la sangre serena y una sonrisa dibujada en el rostro.
El mar, el Atlántico.
 Se colocó encima la bata de dormir y caminó ligera hasta la biblioteca. Arrastró una gran escalera que reposaba sobre la estantería azul y trepó hasta el techo, donde se encuentra la trampilla que lleva a la gran cúpula de cristal.
El sol estaba alto y azul, por que la cúpula así lo hacía lucir. Monin se adelantó hasta la cajonera del escritorio junto al piano blanco y sacó una tiza (allí, en el país de Monin se llama "gis").
 Dibujó en la pared una gran puerta y la dejó entreabierta. "Esta puerta va al otro lado del mundo", se dijo. Y regresó hacia el comedor.
 Al mediodía recordó que debía recoger la correspondencia, tenía un gran encargo de partituras para piano que entregar y otro tanto por recibir.
 Tomó las que eran para ella y se aproximó a archivarlas en la biblioteca, después de actualizar el registro se sentó en un diván a examinar las solicitudes.
 Pero de entre todas ellas hubo un sobre, uno solo, color azul como el mar dentro del sueño, que le llamó especialmente la atención. Lo abrió con los dedos temblorosos por la emoción de la energía que parecía salir del papel y sacó la carta.
 Parecía ser otra petición de partitura, pero efectivamente tenía algo especial. "En el mundo existen miles de puertas, pero encontramos una cuando decidimos que es la correcta" Monín dejó la carta sobre la mesa y regresó al piano blanco, necesitaba serenarse.
 Pero al llegar allí ya había alguen más sentado al piano. Era un chico de tez blanca y cabello claro alto y risueño.
 Por alguna razón Monin no sintió miedo. Al contrario, inmediatamente supo que lo quería y que algo hermoso estaba a punto de dar inicio en ese mismo lugar.
Comenzaron compartiendo la cultura y el arte, y haciendo sinfonías de compatibilidad. Cada cuando Monin subía hasta la cúpula y le encontraba esperándola como siempre.
 Sucedía por la tarde, aunque a través de la puerta el cielo siempre se viera estrellado. Durante días pudieron notar que la amistad no tiene límite, que no importa la raza, el color, ni el lenguaje, la amistad es la amistad.
Más allá del Mar, más allá de la vida. Infinita, interminable y transparente. Así es la amistad. Monin plantó más rosas y astromelias, para que aparecieran las hadas mensajeras.
 Algunas vestidas como damas victorianas y altos peinados, otras se conformaban con hacerle un par de agujeros a los pétalos de una flor, cosidos con rayitos de luna.
Monin les encomendó la misión de viajar a lejanas tierras, al otro lado del Atlántico, a entregar mensajes dee presencia al chico que tanto la llenaba de sonrisas. Y ellas cumplieron con su misión.
 Hasta que un día ocurrió algo fatal, una de las hadas fué alcanzada porun rayo y cayó al mar, al estar hecha de los suspiros de las flores, se deshizo con la sal y pasó a formar parte de la espuma de las olas. Las demás hadas, en honor a ella continuaron su viaje y al llegar ante él le entregaron el siguiente mensaje:
 "A pesar de las desgracias, piensa que yo puedo sentirte y saber que estás allí, a kilómetros de distancia, lejos, más allá de la linea del horizonte que dilata mis pupilas por la mañana, más allá del azul puro del mar, tan lejos, pero tan cerquita de mi corazón. Te quiero."

1 comentario:

Tonat dijo...

Y ese tal Rubén ¿ya leyó esto?

No entiendo para qué hacerlo público...