martes, 17 de agosto de 2010

Física

¿Cómo es que las ideas surgen bajo tierra?
Bajo la tierra las concibo por inercia.
Necesito ayudarme de la física para desprender mi parte metafísica.

Es cuando yo, cuerpo que es obligado a desplazarse a grandes velocidades, se desprende de mi alma que aunque sabe viajar más rápido, se niega a ceder ante la modernidad.
Es entonces que Yo, solo yo, me decido por ella. Y una vez que salen de la jugada las funciones corporales, me dedico a soñar.
Pero hoy soñé con el cuerpo, y decidí.
Enmedio del montón de cuerpos apretujados y un par de viejas ignorantes y gruñonas se plantó el mío, anhelando no traer zapatos y no haberse cortado las uñas en un año.

Pronto sentí en la nuca un aliento. EL aliento.
Y recordé la historia que me pienso escribir para vivirla. Una voz amable me preguntó si me encontraba bien, y me ofreció su brazo.
Primera estación.
Seguro era un caballero de la orden, uno de esos seres anónimos que se omiten en las historias, pero que están allí y que son indispensables. Uno de esos que me olvidé de escribir en algún momento.
Un instante más, y continuamos balanceándonos. Vi por los cristales de la ventana que miraba hacia abajo, yo seguía sosteniendo su mano.
Sentí sobre mí su mirada, la ropa me quemaba, como si tuviera ganas de desprenderse de mi y marcharse sola.
Estaba deliciosamente desnuda.
No quería ver su rostro, me contenté con su voz y su tacto.
Segunda estación. Continuaba subiendo gente, creo que enmedio de la masa hicieron daño a una de esas criaturas monstruosas e hipócritas que llaman infantes. Las madres matan por ellos y ellos nunca lo agradecerán. Ojalá ninguno tenga que ver desangrarse a su madre, o peor aún, que ninguna de esas bestezuelas tenga que sumergirse en la sangre de su madre,porque se les abrirán los ojos, y se les partirá el ser en dos.  Y Cuerpo y alma no volverán a estar juntos, y comenzarán a ver, y su conciencia los hará pensar, y pensar los llevará a la infelicidad.

Pensaba en la criatura cuando fuimos brutalmente desplazados hacia el centro, entonces el desconocido me tomó en brazos, fuerte, muy fuerte.
Quise sostener ese momento que se me estaba escurriendo por el tamiz. El escalofrío, y los latidos de corazón libre. Sus manos haciéndome saber que por fin, y a un día de alcanzar la dichosa ciudadanía, me había convertido en lo que siempre quise ser: una mujer.
 Y ese fué el punto de inflexión. Quiero que mi vida sea así de ahora en adelante.
¿Que si tuve miedo?
Si, un poco. Pero no me importa, ya nada me importa.
Estuve esperando demasiado por mi sueño dorado. No quiero soñar más.
Dejaré libre lo que debe ser libre, porque creo que debe ser así cuando uno ama.
Ahora solo quedo yo.
Dejé que el amante me abrazara, que me sientiera y yo también lo sentí.
No duró demasiado.
Cuando el sitio se despejó lo solté despacio, le miré y le sonreí.
Era joven, acaso unos 10 años mayor.
-"¿En donde bajas?"-
"En Pino", le dije.
Un señor de edad avanzada me ofreció el brazo, tenía los ojos azul pálido. Lo agradecí y fué entonces que me dijo que deseaba cederme el asiento, que bajaba en Pino.
"También bajo allí", le dije. "Gracias"
Se miraron los dos. Los vi por los cristales. Quise imaginar que el anciano era como el viejo rey, que no deseaba que la neoreina pusiera sus ojos en alguien que no fuera el ministro.
¡Que atrevimiento!
Pero así son los caballeros.
Así deben ser, osados con educación, justo asi.

Llegué a mi destino temporal, y me moví entre la nube electrónica humanoide y atravesé la puerta.
Tardé mucho en decidirme a volverme y agradecer al caballero, esperando quizá una invitación para desaparecer en algún rincón de la ciudad, de esos donde uno solo puede no solo perderse, si no perder hasta el nombre y el origen.
Pero no pude encontrarlo.
Y me quedé solamente con mi cuerpo,  que había vuelto a unírsenos en la travesía, mi decisión recién tomada en brazos y una sensación de cálida libertad, dorada y extensa como el desierto.

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