Se acabó. Me sentaré junto a la primer hoguera que encuentre.
¡Que empiecen las cruzadas, que mi tierra es Tierra Santa!
Muero con todos por que soy para mi.
¡Tu, el de siempre!
Ámame pero no me conozcas, conozco tu papel y ya no tengo miedo.
¡Tu, el que forza la puerta!
Detente, me haces daño.
Cortejas mi cadáver, no hay azúcar en labios muertos.
Quiero pieles, quiero ojos y labios; quiero beber pieles, ojos y labios.
Quiero sentir cuerpos, miles de cuerpos.Y manos.
Muchas veces lluvia y tantas veces carne.
Y sangrar como la lluvia, morder la fruta y hacer que grite.
Pertenecerle a mi día y a mi noche nadamás.
Soy amante de todos, pero más del segundo que corre.
Ya no soy reina, soy amante de todos los ojos, de todas las pieles, de todas las manos y las lluvias que vienen y me sangran encima.
Ya duermo en el suelo de tierra, y de tierra visto mis pasos, y me ensucio las piernas, la espalda y los costados.
Y la tierra me acoge con mis amantes: el tiempo, la sangre del cielo y los otros.
Y todo esto sucedió por una falla en el metro. Se apagó la luz y se murieron mis sueños, y no me entregué para todos los días porque la caza no se entrega.
Y ahora yo soy la página en blanco que tiene que echarse horas en la colcha para entintarse la mente.
Yo, yo, yo, yo y yo.
Y no te contaré jamás mis viajes, ni prestaré oidos a los tuyos.
Los vasallos, los gandallas, y mi masoquismo.
Y la carne, mi fuego y la carne.
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