El mensaje de texto decía que "mi vida es un desmadre" me pegó un porrazo. Que se cayó desde el dosel de mi cama y me aterrizó en la frente de la manera más insolente posible.
Se supone que mañana presento un examen de cálculo, pero lo que realmente me urge aprender es Historia de la Filosofía, y siento que la Física (que estoy a punto de reprobar), me estorba para hacerlo.
Y el amor... ¡cómo me jode el puto amor!
También leo a Kant por que deseo fervientemente participar en la clase que más odio, la que más me aburre y la que más detesto tomar, de la materia donde tratamos temas que mi alma pide como pediría agua un hombre en el desierto.
Tengo sobre el estómago "El paquete parlante", me urge terminar de leer a Kant para seguir paladeando aventuras del fantástico mundo de Mitología, como he hecho otras tantas veces.
Sobre el buró el reloj marca las 11.30 y los ojos me pican de sueño. Me duelen los músculos de las piernas, y pienso que el día de mañana, con arma nueva o sin ella, estaré tumbada en este mismo sitio pensando que me siento indefensa ante la vida.
Unos cuantos libros se recargan perezosamente sobre el reloj, están conspirando para tirar mi lámpara de noche a base de empujones.
Cretinos.
Teatro de Oscar Wilde, entre otros y un par de biografías.
Chaplin me mira desde una de las portadas con expresión divertida. ¡Con cuánto gusto habría aceptado ser la esposa de ese hombre!
Cleopatra está tras él. Creo que planea observarme hasta desquiciarme. Está ansiosa por contarme su tragedia, creo que sabe que voy a entenderla.
Si, claro que sí, querida Reina. Yo te entenderé como ser entienden las reinas amantes.
Horacio me pincha las costillas, hasta las almohadas me llega su aliento.
Él sabe tan bien como yo el crimen por el cual su palabra llegó a mis manos. Un crimen que no he cometido, pero que es inevitable siendo las cosas como están.
Es cierto, allá atrás susurran las flores del mal, están de coquetas. Me invitan a acercar la nariz.
¡Pero niñas!¿cómo saben lo que siento por los malditos?
Seguramente Poe, el de junto, el que me cuenta una narración extraordinaria por noche, les contó mi secreto.
Si, mi debilidad son aquellos que pueden enterrarme sus filos en palabras.
Me duele todo el cuerpo de sostener el florete, y muero de ganas por volver a esa ciudad Neumana.
Puedo farolear un rato con que estoy en la mejor escuela de ciencias del país, en "La Gloriosa ENCB del IPN" y sentirme mejor que medio mundo por eso, pero lo que mi ego añora en verdad es decir que pertenezco a la UNAM, y que mis palabras más que mis manos o mis fórmulas químicas pueden insuflarle vida a cualquier cosa.
1 comentario:
Deja a un lado la necesidad de pertenencia y enfoca todo ese poder que has demostrado tener, en "insuflar" vida a discreción. Con palabras, sí, pero sin menospreciar tus habilidosas manos o tus fórmulas químicas.
shecize
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