Un Backpacker y EL artista se encontraron en la calle.
EL artista le preguntó al Backpacker:
-¿Te gusta caminar?, encuentra un Palacio en ruinas en esta ciudad gris y poluta.
Detente a ver como nadan las nubes.
Detente a ver a las nubes nadar.
-Eres como aquel niño que no tenia idea de que el agua corrompe.
Él veía el agua pura, azul, transparente, limpiecita. Era la protagonista de la vida y desinfectante por excelencia. La que refresca las frentes y lava cuerpos y almas. Para él, el agua era entones bondadosa, de cristal, mágica.
El niño tenía muchos tesoros de infante, botecitos de frutas en conserva (que ahora vacíos y bien lavados ocupaba para guardar botones , canicas, semillas y pelusas), fotos de sus padres, avioncitos de juguete y personitos de plástico, madera, plomo...y al ser el agua una cosa tan buena decidió sumergirlos todos en una gran tinaja, creyó que haciendo esto la magia del agua, y la de las aventuras y los recuerdos contenidos en los tesoros soltarían chispas y chispas de suertes y hechizos felices y que producirían algo nuevo y luminoso. Sagrado, celestial y absoluto.
Pero el niño esperó y al ver que no ocurría nada se le ocurrió que la magia no se deja ver, por que es tímida. Entonces decidió tapar la tinaja y volver a ella una semana después.
El día del reencuentro el niño corrió y descorrió la tapa, pero el agua había oxidado todo lo que era bello y el niño de fe y magia no quiso saber más.
-Encuentra un palacio y respira la magia alrededor, escucha a las piedras hablar.
1 comentario:
Hola mi bella amiga. Como siempre tus lecturas tan gratificantes.
Me es placentero revisar tu blog, aunque últimamente estoy un poco ocupada.
No obstante, que siga así y mis mejores deseos.
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