Todo empezó con una mariposa morada.
Alguna vez, la actual monarca del país donde las rosas beben sangre la odió a muerte.
Ahora la quiere, ella fue la primera en saber de la Serena Tristeza, y la que impulsó a la reina a tomar protesta.
El palacio estaba en llamas, la criatura quedó tendida entre una pila de escombros, ya no esperaba nada, si acaso la muerte.
Estaba entrando en la total inconsciencia, y no se permitía ni un cavileo.
De ambas muñecas goteaba la vida, cicatriz a cicatriz, pues los fantasmas de antiguas batallas desfilaban, girando entre telas y encajes, entre moños de puntas espiroquetadas, helicoidales, girando vertiginosamente, bailando una nueva "danse macabre".
El ambiente estaba lleno de cenizas, y le hacían lodo en la cara.
La tierra, el polvo, el hollin, y los retazos de sueños quebrados se absorbían en las lágrimas.
Entonces apareció ella, revoloteando con dificultad, se posó sobre la sien y le dijo:
-Monin, ¡no hay nada que hacer!, sal de aquí, corre! CORRE!, inicia una nueva vida!
El viento la golpeaba y la hacía mecerse de un lado a otro.
Revoloteó a su alrededor, con insistencia, le abanicó el rostro con las alas, pero ella no reaccionó, por el contrario: en un intento por moverse cayó de espaldas sobre un suelo de mármol encharcado y enlodado de sangre tierna y polvo.
La tierra comenzaba a quebrarse y los nubarrones anunciaban una próxima tormenta.
"Debo irme, debo irme, pero recuerda que en el lugar de los corazones destrozados se encuentra la fuente de la esperanza"
Y comenzó a llover.
Llovió como aquella primera vez, en la que Monin llegó al palacio, pero esta lluvia no tenía la acidez tierna de la vida nueva, sino un sabor amargo, fermentado y terroso.
Las heridas fueron lavadas por filas y filas de soldados gotitos que se le estampaban en la piel y le dejaban moretones cristalinos.
Pronto el lago arrastraba cadáveres hacia su centro.
Lo que no estaba quemado y ennegrecido iba perdiendo su color a la luz roja de un sol que antes iluminó el palacio con un resplandor azul, y que daba a los sueños ese tinte índigo tan característico.
Todo iba quedando en silencio, el hermoso palacio blanco se convirtió entonces en la nueva morada de la muerte.
Una gruesa capa de herrumbre y hiedra comenzó a crecer lentamente.
Pronto volvería todo a ser un bosque salvaje e inhóspito.
De repente sintió palpitar junto a ella una pequeña almita, que iba consumiéndose, consumiéndose..., era la mariposa, que no había podido volver a su hogar y ahora estaba a su lado, preparando sus últimos instantes, el ambiente se acidificaba y era tóxico de respirar.
Entonces Monin sintió culpa, sintió pena por ella, ella no tenía la culpa de nada.
-Vamos, levántate, vete.- le dijo apenas en un susurro.
Pero la mariposa seguía allí tendida, decidida a entregar su vida.
Entonces Monin pudo extender una mano, y tomar a su pequeña nueva amiga.
-¿Por qué?- dijo Monin
-Por la ausencia de fuerzas, por todos esos monstruos- replicó la mariposa.
Y entonces, a cada segundo, Monin iba recuperando fuerzas para hablar, cada letra renovaba su ánimo. Ahora tenía alguien a quien cuidar en lo que esperaba la muerte y mientras tanto, podía hacer los momentos más llevaderos.
"-Pero allí hay un espíritu que habla, por que es capaz de contar la historia de su propia muerte.
Cuando quedes muda hasta la piel, cuando ni tu cadáver, ni tu carne, ni tus huesos, ni tus cenizas, ni tu lápida;... hablen de tu existencia, entonces puedes decir verdaderamente que ya no queda nada.
Ese espíritu, que más que espíritu es vaho, hoy es libre, libre de pulular por allí, luchando hasta el último átomo de la esencia..."-
La mariposa agitó las alas, lento, muy lento, la tierra seguía temblando.
Monin se incorporó con dificultad, sus palabras eran como un retazo de conjuro mágico.
La receta suministrada a la mariposa era también para ella una forma de automedicarse.
"Cuando ni tu cadáver, ni tu carne...."
La levantó en su mano derecha, le dio un poco de calor con el aliento y la lanzó hacia el ambiente.
Ella voló y voló, y se perdió de vista.
Monin se puso de pie, sin mirar alrededor. Le bastaba con saber lo que sucedía.
"Corre, inicia una nueva vida"
Y eso hizo, abrazó a la mariposa con su pensamiento y echó a correr lejos, saltó por encima de la barda que delimitaba el palacio del resto del bosque y de pronto se encontró perdida en él.
Los días siguientes los dedicó plenamente a la supervivencia.
Encontró especies de animales y plantas que jamás había visto, y fenómenos naturales extrañísimos.
Por ejemplo colonias de hadas de colores que realizaban danzas de cabeza.
En uno de estos encuentros conoció a Mme Sehel.
Pero esta es una historia que he de relatar más tarde.
De lejos vió villas y pequeños pueblos.
Aún no se atrevía a acercarse a la civilización.
Debió haberlo supuesto: La historia no tenía por qué terminar allí. Lejos del palacio había mucho más mundo por ver. Y todo, absolutamente todo era suyo.
Pronto verían surgir una reina.
El quinto día, por la noche escribió:
"El país de la Serena Tristeza..."
2 comentarios:
He ojeado tus otros blogs y me interesan. Espero que estés perfectamente.
Me encantan las mariposas! n.n
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