Sucedía bastante a menudo y los súbditos comenzaban a pensar que su querida monarca estaba perdiendo la razón.
Se la veía por los jardines mirando las rosas y acariciando sus pétalos como si algún día pudiera llegar al fondo de ellos.
Sangraba sus manos para alimentarlas y suspiraba.
También paseaba por pasillos y galerías con las manos sobre el vientre y expresión anhelante, se recostaba en los sillones y acariciaba sus brazos.
No le faltaba cariño, el rey era na persona muy bondadosa con ella.
Le traía música, flores, le hacía magníficos regalos y la sacaba a pasear.
Pero ella cada vez parecía más desesperada, temían las hadas que amaneciera crucificada en una pared.
Por las noches se envolvía en mil telas y se recostaba en la orilla del lecho.
Se escondía tras las paredes y poco a poco desaparecía de la vista.
Sus ropas más elegantes permanecían guardadas en el fondo de los baúles, y en cambio usaba los vestidos más humildes y sencillos.
No salía ya de caza, y si era necesario usaba siempre los carros más cerrados.
Un día apareció en el gran comedor sin rastro alguno de su rebelde melena, en su lugar llevaba un corte que la hacía lucir bastante masculina.
Ya no llevaba vestidos sino un pantalón muy suelto, negro, y una camisa negra igual de holgada.
Comió sin mirar a nadie y se retiró a sus aposentos.
Cada noche, el rey la encontraba dormida y solo una nota reposaba en el gran almohadón.
Las notas de ella eran cada vez más insistentes, más desesperadas, en ocasiones tenían manchas purpúreas aquí y allá.
Ella le expresaba su amor como si él no pudiera entenderlo.
Y realmente él jamás comprendió el mensaje detrás de esas letras. Cada mañana se le llenaban los ojos de lágrimas al no encontrar la respuesta que ella esperaba: mensaje entendido...
Ella no decía nada, permanecía tranquila, sabía que sus ojos estaban cargados de reproche y no pudo evitar que él los notara, pero se negó rotundamente a confesar cualquier cosa
"Así no es como las cosas deberían ser", se decía, y solo esperaba...
Dos semanas después de cada luna la reina entraba en un estado de letargo bastante amenazador, su humor empeoraba cada vez y se negaba a salir o a convivir con cualquier ser viviente.
Maquillaba su rostro al punto de quedar irreconocible para cualquier persona, y lloraba en silencio.
Hasta que un día recibió una visita muy especial: era la querida condesa Lea, que había vuelto para presentarle al conde Niatan.
Cuando tuvieron un tiempo a solas, la reina se echó a llorar sobre su regazo.
Solo Lea supo lo que sucedía, le acarició la cabeza y procuró hacerla olvidar las ideas nefastas que su amiga le había confiado.
Pero ella no podía olvidar, su vida se conducía hacia la obsesión, hacia el dolor.
Comenzaba a dudar de su capacidad como gobernante, de su mundo, de todo lo que había construido.
¿Qué era todo aquello si nunca iba a dejar de ser más que una niña con demasiada imaginacion? ¿Por qué no podía ser una mujer?
Si, era eso.
El aspecto de la reina, era y sigue siendo absolutamente infantil.
Jamás sería una mujer a ojos del rey. No dudaba de su cariño, pero ¿qué pasaría si él encontraba a una mujer y se enamoraba de verdad?
Lea intentó convencerla de que esto era absurdo, sin embargo ¿Qué mejor prueba necesitaba de ello que el hecho de que el rey jamás...?
Lea no sabía nada de eso. Y no lo podía creer. Intentó disculparlo, pero necesitaba argumentos y aunque no dijo nada, la reina sabia que Lea tomaría cartas en el asunto.
Los días pasaban y la monarca seguía tumbada en la cama, quemando rosas, enredando su cabello, ennegreciéndose las uñas con sangre coagulada y empalideciendo su cara con polvo blanco. Necesitaba ser ALGO.
Y en su corazón ardían llamas púrpuras, entonces se levantaba y ponía el pasador a la puerta, y comenzaba a revolcarse en el piso y a tirar de su cabello.
La desconfianza y la paranoia comenzaban a envenenarla, no le gustaba qu el rey saliera a arreglar asuntos fuera. Temía que se encontrara con "ella", la ella que lo alejara para siempre de su vida.
Pronto recibió una carta de Leayinn, ella le recomendaba que hablara con él y le confesara todo.
La reina montó en cólera y lanzó una botella de perfume al espejo, que se hizo pedacitos.
"así no es como los caballeros tratan a sus damas, así no es como las cosas deben ser. Las cosas suceden, solo suceden, y las damas solo esperan. No, es más, nunca esperan, las cosas siempre suceden antes que ellas piensen en esperar"
Y echó a llorar nuevamente. Cuando se tranquilizó un poco, tomó la navaja del rey y se hizo un corte profundo en la mejilla.
"Las cicatrices son la prueba de que alguien ha luchado, alguien que ha luchado es alguien con experiencia, alguien con experiencia es una persona mayor"
Se dejó caer en la cama nevamente y se durmió.
El rey no la movió al llegar y no notó el corte, solo Mme Sehel a quien esta situación la traia decabea decidió removerla, y al ver la horrible cicatriz gritoneó a un par de hadas y les ordenó traer un poco de bálsamo.
Mme sehel se lo emplastó, la reina no despertó.
A la mañana siguiente no había más cicatriz.
Mme Sehel voló inmediatamente después a donde Leayinn y le contó lo sucedido.
Lea ensilló el caballo y partió...
Una noche, el rey entró en la recámara.
Llegó mas temprano de lo que normalmente hacía y sorprendió a la reina mutilándose el cabello una vez más.
Le quitó la navaja de las manos, y las tomó entre las suyas, la miró a los ojos y no se cansó de repetir cuand bonita le resultaba.
Ella pudo dormir después de mucho tiempo.
Sin embargo...
1 comentario:
y despues que?
Hacía ya tiempo queno me pasaba por aqui, está muy bien este texto, espero que lo acabes.¿O termina asi?
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